sábado, 20 de agosto de 2016

Casualidades, voces y recuerdos de El Salvador

Plaza Libertad, San Salvador (El Salvador) Foto: gocentralamerica.about.com
Llego por casualidad a un blog, es de un salvadoreño al que no conozco, del que no sé nada ni tan siquiera al tratar de ver su perfil en la red social en la que ha publicado un interesante post. Me ha hecho pensar en muchas cosas, debe ser que estoy muy reflexivo este mes de agosto. 

Los que escribimos no solo buscamos temas para crear nuestras historias, a menudo fijándonos en lo que nos rodea, a veces también vienen a nosotros esos temas, algún personaje en busca de autor. Si bien al leer el post del salvadoreño que comentaba -dejaré abajo el enlace- me ha hecho meditar en las otras razones por las que uno escribe, la intencionalidad más allá de la ficción incluida en las obras. Se puede dar la voz a quienes no la tienen, o no saben que la tienen, a los que ya no puden expresarse o simplemente unir la voz a otros para crear algo que trascienda la propia individualidad del escritor, oficio solitario éste, el de escribir, me temo. 

He evocado veranos de mi infancia y mi juventud en un pueblo manchego al que hace unos días fui brevemente de visita. Y en ese viaje ya no descubrí al niño que miraba con ojos de niño o de joven, la mirada era otra. El paisaje cambia, las personas también, pero afortunadamente quedan las palabras. Quedan en el papel en ese invento antiguo llamado libro que cede paso a nuevos inventos que esperemos puedan contener la memoria de quienes hablamos, escribimos para que un día alguien también evoque, reflexione o decida que con unas pocas palabras se puede hacer mucho más que escribir una historia. 

Mis letras siempre han sido -o al menos han pretendido ser- humildes, por lo que al incluir aquí el enlace a ese post ajeno invito a otros más avezados a que tomen el testigo, quizá, de emular la encomiable propuesta de su autor: hay muchas historias de nuestro pasado que merecen ser contadas, solo esperan a alguien que junte las palabras y las deje en un lugar más allá del zarpazo del silencio y el olvido.

Un saludo de agosto.

El enlace es este: http://diariodeuncualquiera.blogspot.com.es/

sábado, 23 de julio de 2016

Felices vacaciones


Hay historias de la niñez que a uno se quedan pegadas en la memoria, en la retina. A veces las historias piden paso, quieren salir y ser escritas para evocarlas en voz alta. No sé si alguno de los protagonistas de esta historia podrán leerla, pero si es así, va por vosotros. Por los compaeros, amigos y rivales, por aquel gol de leyenda en el 'campo de las patatas'. 

Feliz verano.

http://www.nouhorta.eu/index.php/opinion/gines-vera/item/12639-el-descampado

viernes, 15 de julio de 2016

PIRATAS, CARACOLES Y UNA NOVELA

Me apetecía escribir una entrada en este blog a modo de crónica. Me ha venido al pelo que ayer jueves entrevistase al periodista y escritor Victor Amela para terminar de decidirme. 
   
En el céntrico hotel de Valencia donde suelo conocer a muchos de mis entrevistados literarios Victor departía frente a una videocámara, la de otra compañera de entrevistas y letras. Nos saludamos los tres antes de tomar el relevo con el micro y las preguntas no sin antes quejarnos un poco (fina ironía) del hilo ambiental de la cafetería. Ahí ya denoté la gallardía del 'hijo, nieto y bisnieto de las guerras fraticidas españolas' como él mismo se arroga en la parte final de su novela. Por cierto, se titula 'La hija del capitán Groc' (Planeta, 2016)
  
   En esa misma nota final de este libro -galardonado con el premio Ramón Llull- comenta Victor algunos recuerdos sobre su infancia, como el de un fósil que encontrase su abuelo muchos años atrás, roturando con su arado. Un caracol grande, pétreo, que Victor me muestra junto con otros más pequeños, a modo de familia de fósiles con las que, imagino, acude a los medios en su peregrinar promocionando esta novela. 
   
   La familia, la suya, no la de los fósiles, tiene mucho que ver en la historia narrada, sus bisabuelos eran originarios del Maestrazgo, una región que, personalmente, me evoca viajes y lugares que visitase años atrás, unos solos y otros con amigos. Por supuesto, Morella con su castillo y sus 'flaons', pero también San Mateo y alrededores cuando estuve viviendo en San Carles de la Ràpita y hacia recorridos con un amigo. 

   La novela viene con una hoja a color desplegable entre sus primeras paginas: dos mapas, uno con los escenarios de la Guerra de Cabrera (el general, no la isla) y el Groc, y otro del término de Forcall. También descubro, en uno de los mapas y al saludar a Victor, el estandarte de Cabrera. Una suerte de bandera pirata que ondeó en el castillo de Morella durante dos años. El lema, por la espada y la palma que lucen a ambos lados de la calavera, era claro: lucha o muerte.

   Con todo, vamos hablando, conversando, le pregunto, me responde y, al final, no me resisto a que me deje tomarle una foto, en realidad tres, con esa bandera y esos fósiles (también yo guardo uno, un caracolazo fosil en algún lugar de la casa de mis padres, le digo). 

   Nos despedimos, es tarde, más bien la hora de la comida. Como no le concreto cuando va a salir la entrevista -me lo pregunta-... está agosto de por medio, asiente, ambos, hoy he decidido al menos hacerle este guiño a Victor Amela con esta entrada, esta crónica y mi simpatía hacia él. 

   Que no se me olvide aconsejaos el libro, que visitéis la comarca del Maestrazgo y saludar a mi amigo Froi, de San Carles... ¡Cómo echo de menos el coc de brossat!

sábado, 9 de julio de 2016

El amargo don de la sinceridad

Quiero empezar este post pidiendo perdón. En concreto a una persona, no diré el nombre porque no hace falta, ella ya sabe que es a ella. Pero también a otras personas a las que sin ánimo de molestar, de ofender, de forma inconsciente lo hice. Mis disculpas.

Desde hace años vengo dictando talleres de escritura, la mayoría presenciales, algunos online y también mayoritariamente en Valencia o alrededores. Además de la teoría en los talleres me gusta poner ejercicios voluntarios, no los llamaría deberes para casa, pero bueno, en cierto modo, así a veces parecen pues a la siguiente sesión -he aquí lo importante-, los vemos en el aula, en una puesta en común con el resto de participantes.

También he tenido la oportunidad de ser lector, de ganarme la confianza de algunas personas que han depositado en mí esta a la hora de que leyese -con espíritu crítico- sus relatos o novelas antes de ser presentadas a antologías, certámenes literarios o publicarse. 

Es siempre una gran responsabilidad, primero por esa confianza, el que le elijan a uno; después, por lo que cada cual espera de esa lectura crítica. Muy a menudo a la hora de valorar, a la hora de expresar mis opiniones he tenido que meditar la 'forma' más allá del contenido, esto es: cómo decirle a esa persona que confió en mí que su relato, su novela puede mejorarse poco, mucho o dejarla reposar (estoy siendo sutil). A veces las sutilezas no son muy didácticas, a veces la pedagogía de mis comentarios se ve que tropieza con mi propia manera de ser.

En unos casos u otros, en las sesiones de mis talleres o cuando me entregan manuscritos para mi valoración, corro el riesgo de herir susceptibilidades, de ser excesivamente sincero. Porque uno puede ser sincero, puede decir las cosas, la verdad, pero seguro que hay maneras y maneras de decirlo.

He herido sensibilidades, lo sé porque con el tiempo me lo han comentado, me han dicho lo que he intentado exponer en este post: se puede ser estricto, profesional (por así decirlo) sin rozar ese límite entre lo amargo, lo mezquino y lo sutil. 

Por todo lo anterior pido disculpas, a todas, a todos, a quienes de una manera u otra ofendí con mi sinceridad.

Gracias y si hay alguna forma de reparar mi error más allá de las disculpas, por favor, acepto con humildad vuestras sugerencias.

Ginés Vera

martes, 5 de julio de 2016

DE CONCURSOS, MICRORRELATOS Y OTROS DEMONIOS

Hace unos días estuve en la gala de entrega de un certamen literario convocado en mi ciudad, en Valencia. No participaba, pero sí varias personas que conozco, entre ellas, dos alumnas de mis talleres de escritura. Una de ellas nos convenció de que la otra iba a ser la ganadora, guiada por un presentemiento. 
   Acertó. 
  Siempre es una alegría ver que alguien que conoces gana algo, en este caso, un premio literario y si, además, ha sido alumna..., 'egoistamente' la alegría es mayor. 
   Esto fue un martes, tres días después coincidimos de nuevo -ellas y este que os escribe- en otra gala, también en Valencia. Quedé finalista, no gané, tampoco creo en la participación solo para ganar así que estoy contento. Los tres estamos en el libro antológico que se ha hecho con los participantes: El arte del microrrelato. Hay más alumnos míos entre los cien seleccionados. No obstante me quedo con la alegría de compartir página con otros compañeros, amigos, alumnos, raritos de los concursos, el nombre es lo de menos. Siempre alegra, a mi al menos. 
   Hoy rescato una noticia de hace un año, un listado de personas escritores que compartimos libro antológico. Como en el caso anterior, este también es de microrrelatos. Si lo he escogido no es por mis 'compis' de papel en él. Es porque la cifra mágica sobre la que gira esta antología es el 99 y también lo era el nº de palabras máximas, según la bases, para componer el microrrelato. 
   A menudo suelo oír, cuando invito a amigos/alumnos a participar, que les frena el plazo, el tema o la extensión. Ya 200 palabras les parece vertiginoso, y os hablo de escritores con músculo y práctica. Imaginad que esto se reduzca a la mitad. En fin, que recordando, buceando por internet, seleccionando esta noticia, he querido compartirlo con vosotros. 
   Sabéis que también he sido y soy miembro del jurado de algún certamen literario. Nada como saber que año tras año hay más personas afines al microrrelato, a ese género breve, a esos demonios que te hacen maldecir a veces cuando estás pergeñando uno y lo ves 'largo' y toca recortar -no sabes de dónde- para que entre en las bases. Y si es por participantes, en el concurso que comparto somos 99 de mil quinientos microrrelatos presentados. 
   Números, palabras, páginas compartidas... al final lo que me encanta es el reto, la emoción, el día que pierda eso creo que dejaré mi contador a cero.

https://lapulgaeditorial.net/2015/01/21/99-microcuentos-y-99-autores/